viernes, 2 de noviembre de 2012

SI SUFRES MIRA ESTO


Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa. Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso. Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario. Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, Santificándolo al fundirlo con Él; ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara. 
Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir. Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina. Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.
Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores. Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.
Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo. Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios. Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.
No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor. Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último. Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’. Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir: “Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!
Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

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